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Revista SOBREMESA

Todo un hallazgo este minúsculo pero magnífico restaurante emplazado junto a uno de esos centros comerciales que tachonan la turística zona de Maspalomas en el Sur de Gran Canaria. Lo de pequeño atiende exclusivamente al espacio pues cuenta con apenas media docena de mesas para unos veintitantos comensales, con la cocina a la vista incluida y una decoración fresca, luminosa y colorida, tan sencilla y chispeante como la cocina que ofertan; una cocina de mercado “casera” de corte creativo y verdadera, algo que empieza a echarse de menos en estos tiempos en que está de moda el calentar o ensamblar quintas gamas , controvertido asunto en el que los amigos franceses han dictado leyes para acabar con esta práctica industrial en aras de la distinción y la autenticidad (véase su propuesta de faitmaison). Y lo de magnífico, aparte el concepto culinario apuntado, se sustenta también en algo que no tiene precio, como es la acogida, el trato y la simpatía de la pareja propietaria y del chef, que sale a las mesas con su repertorio de platos al instante. Es lo que tiene un sitio familiar de estas características, que bien puede servir de modelo para tantos hosteleros que se devanan los sesos buscando nuevos conceptos de negocio. A partir de ahí y siguiendo la estela de la mejor despensa canaria solo queda gozar son esas untuosas y saludables mieles de palma, con las fabulosas papas isleñas, con los mojos picantitos, con los pescados atlánticos y otras gollerías que se realzan con toques sugerentes y a veces inesperados.

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